LA BARRA DE ORO
Comentario

           “La Barra de Oro”, que es alabanza y felicidad de este precioso libro, cumple su celebración los jueves, día elegido hace diez años con la mesa tendida en el restaurante “Chiquilín”, siempre después de los conciertos de la Orquesta del Tango de Buenos Aires, fundada en el 1980 y dirigida por dos maestros: Carlos García y Raúl Garello. Intuitivo modelo para la entrañable Barra de Oro (llamada por igual, “Aves del Mismo Plumaje”), Júpiter le ha impuesto su emblemática jota para que sean infinitos en el mantel de papel y en los espíritus, el jolgorio, el jamón, el júbilo, el jarangón, la junada, lo jocoserio, la juventud, la jovatería, la juerga, el jugo de uva, el jotraba, la jermu (ambos no presentes pero siempre aludidos), los jilgueros y el bandoneón, que en idioma troileano, es jaula.

           Y les dio un juglar, Orlando Mario Punzi, confortado este Orlando por dones que la existencia pide para el poeta: instinto, elegancia, métrica, armonía, sorpresa, picardía, donosura y seriedad, pero seriedad en el sentido orteguiano, porque para don José Ortega y Gasset, serio, lejos de nombrar a lo solemne o a lo adusto, nombra a lo que tiene mucho “ser”.

           “La Barra de Oro”, libro de un poeta al que le envidio, con envidia hecha de lágrimas inagotables, este verso: “El día que mi madre cerró los ojos, se encendieron dos estrellas en el cielo”

Horacio Ferrer

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