LAS CIENTO Y UNA DEL GRAN BONETE
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           La solemnidad es una falsedad, una forma de simulación. La ruptura de la solemnidad marca el mejor momento de la literatura argentina.

Isidoro Blaisten

           En nuestra adolescencia leíamos los inmarcesibles sonetos de Garcilaso, y los ardorosos de Lope de Vega, y es inevitable recordarlos hoy frente a esta nueva colección de Orlando Mario Punzi, sin duda nuestro mayor sonetista viviente y moliente. Es que la poesía entra por el oído, por la música cadenciosa que seguirá siempre siendo su genuino lenguaje. Punzi atesora un vastísimo caudal de conocimientos, de sentimientos, de sensaciones, de experiencias y de recuerdos, un infinito guirigay de rimas y un admirable oído poético. Ni la poesía épica ni la anacreóntica le son esquivas y cuando se sumerge en la bruma de sus recuerdos juveniles la emoción le hace temblar la voz. Pero este libro demuestra que el vate no se confina en la reconstrucción de sus vivencias sino que se mete en la realidad, una realidad sufrida y actuante, no contemplada asépticamente desde la ventana de su torre de marfil, que para él no es una cárcel sino más bien un refugio, un “pied à terre”.

 

           Hablar de la época de Punzi es trastocar los almanaques, porque sus casi noventa años le han permitido experimentar en carne propia los resultados de ideologías opuestas y de planes políticos igualados sólo por su respectiva ineficacia. Ésta, la que vivimos, es también su época y a ella se refiere Punzi con versos donde el humor hace más llevadero el pesimismo, la caricatura alivia el desencanto y el esguince travieso vuelve a envainar el facón que, pese al consejo del Viejo Vizcacha, no le sale cortando. Toda esta poesía, que de eso se trata y no de un panfleto ni de un brulote, el autor la ofrece encerrada en un estuche primoroso de rimas. Pero, como es su alarde y su hábito, utiliza sólo dos rimas en cada soneto, y al mismo tiempo, usa rimas diferentes, con lo que demuestra el tesoro personal que conserva bajo su capa craneana: la emoción y el humor, la picardía y el sarcasmo, no con “ersatz” sino como una sabrosa yapa ofrecida al lector.

José Gobello, 2003

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