LA TIERRA ENCENDIDA
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           El autor de este valioso libro rescata una olvidada especie poética: la épica. Como es sabido, la versificación así designable corresponde generalmente a los períodos de la formación de la nacionalidad. De ahí que la epopeya, en sus formas populares o cultas, se caracteriza por la grandiosidad y la elevación espiritual de sus temas, así como por la cadencia y los acentos de himno enaltecedor y evocativo propios de su forma.

           Tenía que ser un hombre de armas, fiel a la tradición sanmartiniana y educado en el culto de la patria, quien rehabilitase y actualizase esta modalidad del canto heroico, lamentablemente arrumbada en el pasado. Si buscamos una explicación valedera para esta indiferencia presente por el poema épico, quizá la hallemos en las particularidades de la época en la que nos ha tocado vivir: pragmatismo dictado por la persecución de objetivos exclusivamente materiales, tecnificación de la sociedad al servicio de la comodidad, la holgura económica, creciente desdén por el individuo sobresaliente, con vocación de hazaña e inmolación idealista y--consiguientemente—primacía de la nivelación masiva.

 

           Por lo anteriormente expuesto, debemos celebrar jubilosamente la aparición de este libro, cuyo contenido anticipa la metáfora de su título: “La tierra encendida”. Cada una de las composiciones incluidas en este volumen encierra aciertos de expresión. En tal sentido, resulta arduo elegir entre ellas la de más subidos méritos.

           El solar natal, amasado con sangre y memoria de proezas, vibra en la inicial “Canción de los muertos por la patria” --“piel de jaguar colgada de los hombros de América”, según reza uno de sus versos— en tanto que “El último relevo” conmueve con su noble fervor. “Himno” revive en estrofa de admirable emoción “los eternos laureles” invocados por López y Planes, mientras la “Cantata de los cinco siglos” compendia la casi sobrehumana brega que precedió a la realidad promisoria de este Nuevo Mundo, en las postrimerías de un milenio.

           En su “Romance la de Vuelta de Obligado” el coronel Punzi maneja con maestría y gracejo el lenguaje popular, en contraste con la “Oración en azul y blanco”, que se alza hasta los más altos planos de la lírica culta. No cabe dentro de la breve extensión de estas líneas introductoras la valoración en profundidad que esta obra notable merece. Contentémonos, pues, con subrayar que Punzi marca un nuevo rumbo a la poesía nacional, reconciliándola con las más hondas fuentes de inspiración.

           En la lectura de “La tierra encendida”, muchos podrán hallar un luminoso modelo a seguir para su vocación de canto.

Martín Alberto Noel
Academia Argentina de Letras, 1998

           “La Tierra encendida”: libro que sintetiza la conquista española, el gaucho, las guerras de la Independencia, la bandera, los caudillos, la conquista del desierto. En él reaparecen San Martín, Belgrano, el cura Brochero; y es imparcial en poemas dedicados a caudillos unitarios como Lavalle y a caudillos federales como Quiroga. Trata con singular hondura los orígenes de nuestra nacionalidad. No se encuentra en su lectura nada que divida, y abarca incluso el conocimiento geográfico y sus bellezas. Tenerlo en nuestras manos es estar viviendo la historia épica de la Patria.

Luis Noailles French

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