Pregunta

       Preguntarás por mí. Y habré partido
después del tiempo del amor ufano,
lo mismo que las flores del manzano.
que aromaron tu piel y tu vestido.

       Y el viento te dirá que voy herido
por calles de silencio sobrehumano
donde muere la luz tras un verano
sin el árbol, el pájaro y el nido.

       Ya no nievan las lunas en el vano
del antiguo portal enmohecido
que vio la magia del jazmín lozano.

       Y sé que cuando vuelvas del olvido
---desde otra playa y otro meridiano---
preguntarás por mí... Y habré partido.

     
 

Tomo XV

 

       Estoy solo, sin mí, sin la gimnasia
de mi sed interior, sin el poema.
He perdido la flor y el anatema.
Soy el cansancio, por antonomasia.

       Estoy solo, sin mí, sin el inerte
dibujo de la mano cavilosa.
En el fondo del mar y de la rosa
doy otra vez con la palabra muerte.

       Voy al final de mi filosofía
sin tiempo, sin edad, sin impaciencia;
un antiguo llamado me silencia.
Soy el poniente, por analogía.

       El alma se me va por los tamices
del hambre, de la piel, de los sentidos,
y me duelen los párpados hundidos
en la tarde sin sol y sin raíces.

       Una noche de pájaros avanza
de las curvas arenas de la duna.
En un ángulo viejo de la luna
yo soy la soledad, por semejanza.

       Hoy, que duermen mis versos
esperando que la niebla del bosque los alcance,
estoy solo, sin mí, con un balance
de quién, de cómo, de por qué, de cuándo.

       Nada soy, nada pienso, nada digo.
han callado mis últimas verdades.
Estoy en soledad de soledades.
Estoy solo, sin mí. Pero contigo.

 

Romancillo de la tarde y el viento

 

       La tarde es una doncella
que viene por las colinas.

       Los dedos largos del viento
la acarician, la acarician.

       Florecen las mariposas
en el vapor de la trilla.

       Laten cigarras de vidrio
sobre el sopor de las quintas.

       Los dedos largos del viento
juegan al arpa dormida.

       En las agujas del pino
la nube carda cenizas.

       Se ahondan las arboledas,
danzan los gnomos flautistas.

       Por el humo de las granjas
suben palabras escritas
en la pizarra del cielo.
Las cuerdas del agua vibran.

       Los pies ágiles del viento
bailan sobre la gramilla.

       Estallan los picaflores
en diagramas optimistas.

       A la batuta del álamo
converge la sinfonía:
corchea de las palomas,
pentagrama de la viña.

        Los potros del viento baten
cencerros de campanillas.

       Cabalgan por las acequias
las siete notas del prisma.

       La cabellera del viento
se enrieda, se desaliña.

       En el cuenco de mis manos
se baña la tarde niña.

       Los dedos largos del viento
se mojan en la neblina.

       Y mientras la verde lluvia
de los sauces se despinta,
la tarde es una doncella
que se va por las colinas.

 
 
 
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